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Irlanda y sus orígenes

Según los primeros textos conocidos, Irlanda fue habitada en el año 8000 a.c.. Hoy en día, todavía quedan restos de las tribus que poblaron la isla (megalitos, dólmenes, etc.). Será a partir del siglo VIII a.c., tras la llegada de los celtas procedentes de Europa del este, cuando se constituye una misma lengua y una misma cultura, aunque fragmentada en una multitud de pequeños reinos.

En el siglo V d.c., San Patricio, patrón de Irlanda, viajó a la isla y convirtió a los irlandeses al catolicismo, enseñando también a los monjes el alfabeto romano, que permitió conservar parte de la cultura celta.

Ya en el siglo XII, Enrique II de Inglaterra desembarcó en Irlanda, ocupando Dublín y toda la región circundante. El rey de Inglaterra otorgó los territorios de Irlanda a su hijo Juan, que fue proclamado “Señor de Irlanda”. En los años sucesivos, las disputas entre irlandeses y los ocupantes ingleses fueron constantes. Estos hechos se vieron fuertemente agravados cuando Enrique VIII y posteriormente Eduardo VI de Inglaterra rompieron con la Iglesia Católica (1536). Aunque ingleses, galeses y más tarde los escoceses, aceptaron convertirse al protestantismo, los irlandeses no lo aceptaron nunca.

En 1800, fue aprobada la llamada Acta de Unión, que unía legalmente la isla de Irlanda con Inglaterra, creando así la Gran Bretaña. Esta cohesión se produjo gracias al soborno que promovieron desde el gobierno inglés, otorgando títulos de nobleza británicos y gran número de tierras a los miembros de la cámara.

La Gran Hambruna irlandesa

Entre los años 1845 y 1849, Irlanda sufrió lo que se denominó “la Gran Hambruna”, una situación producida por la falta de alimentos causada entre otros motivos por la escasez de la patata. Ésta circunstancia se generó por la ineficiente política económica del Reino Unido, los métodos inadecuados de cultivo, y como factor determinante, la aparición de un hongo que destruyó la cosechas de las patatas, uno de los alimentos más importantes de la época. Las consecuencias de la hambruna se dejaron sentir hasta después de 1851. Aunque no se registró el número de muertes causadas, se estima que fue entre dos y dos millones y medio de víctimas, además de que motivó la emigración de millones de personas. Entre muertes y migración, Irlanda perdió más de un cuarto de su población.

La gran hambruna fue una catástrofe social, biológica y económica, que marcó una línea divisoria en la historia de Irlanda. Sus efectos cambiaron de forma permanente el panorama demográfico, político y cultural de la isla.

Independencia del Reino Unido

En 1921 se firmó el tratado Anglo-Irlandés, donde la Irlanda occidental y del sur, tomaba la autonomía actual. Al mismo tiempo, seis de los nueve condados del Ulster, continuarían formando parte de la corona británica, con representación en el parlamento inglés. Entre 1922 y 1923 estalló una guerra civil entre los partidarios de Michael Collins (héroe de la guerra contra los ingleses y firmante del tratado Anglo-Irlandés) y Éamon de Valera (Presidente del parlamento Irlandés y opositor en el tratado por la renuncia a los condados del norte).

28 años después se cortaron los últimos vínculos constitucionales con el Reino Unido y se proclamó la República de Irlanda. Años más tarde, en 1977 ingresó en la Comisión Económica Europea.

A partir de la entrada en la Unión Europea y desde la modificación de su régimen impositivo hacia las grandes empresas, Irlanda creció mucho económicamente hasta convertirse en el segundo país más rico, después de Luxemburgo.